Los pobrecillos pacientes de la medicina privada

http://www.elmundo.es/blogs/salud/profesionsanitaria/2011/04/06/medicina-de-la-privada-y-sus-pobres.html

***El Mundo ya no admite comentarios anónimos así que desafortunadamente no hay debate. Lo re-cuelgo aquí para compartir opiniones.****

 

 

MEDICINA DE LA PRIVADA Y SUS POBRES PACIENTES (II)
A los políticos se les llena la boca hablando de la universalidad y la equidad de nuestro sistema sanitario, que incluso América quiere copiar, pero a la hora de la verdad habrá pocos sistemas sanitarios tan poco universales como el nuestro. Pero no, no voy a comentar los 19 sistemas sanitarios que sufrimos, hoy no, sino de los pobrecillos pacientes de la privada.  Como todo lo que mueve masas de dinero, no provoca el debate que debiera, pero la situación es alucinante.

Más de ocho millones de españoles tienen un seguro de asistencia sanitaria, dos de ellos son funcionarios que en su día optaron mayoritariamente por la sanidad privada y los otros seis tienen doble cobertura. Pues, atención al dato, según la OCDE el gasto sanitario privado ronda el 30% del gasto sanitario total. No salen las cuentas.

Y ahora viene lo mas curioso, visto desde la simplicidad de lo que es importante y lo que no, la calidad de la medicina que recibe el paciente privado es muy inferior que la del público.

Empecemos con el tema de los mosquitos y los cañones. En la privada, los mosquitos se matan a cañonazos y las cifras lo demuestran, el gasto ambulatorio es demencial y sólo superado por Austria y Suiza. Uno va con una uña encarnada y acaba con un TAC cerebral, un electrocardiograma y una analítica completa incluyendo hormonas tiroideas.

Las razones son múltiples y complejas. El paciente ‘privado’ tiene, en general, un nivel educativo/adquisitivo superior, es más exigente, quiere más explicaciones, más pruebas. A esto hay que sumar que el médico se siente mucho mas desprotegido en el diagnóstico.

No es lo mismo ser especialista en un hospital, donde trabajas con un equipo completo, que tú solito en tu consulta. Equilibras el trabajo de equipo con pruebas extras. Los pacientes suelen ver esto como una gracia, algo positivo. No se dan cuenta que el peregrinaje de médico a médico, el encuentro casual de patología banal, el exceso de radiación, la medicalización de la normalidad o el gasto innecesario son una aberración de la medicina.

Además está la dependencia personal, como ‘tu médico’ se vaya de vacaciones, se rompa una pierna o decida abandonar la privada, el paciente se queda más colgado que una ristra de ajos. Una vez más, el desastre de la medicina sin equipo.

Y no perdamos de vista lo del ‘pito, pito gorgorito’ porque el paciente privado es quien elige a qué especialidad acude con su problema médico. Si tiene un mareo quizás el neurólogo o puede ser el otorrino; para un dolor de pierna, el traumatólogo, el reumatólogo o quizás el de vascular (lo de la vecina resultó ser varices); para una tos persistente el neumólogo, el otorrino, el internista… ¡Oiga! o el cardiólogo que lo dijo el de ‘Saber vivir’ un día.

El acceso directo al especialista no es sólo un gasto absurdo sino que puede provocar una pérdida de un tiempo precioso en llegar a un diagnóstico. Las peregrinaciones están bien para Lourdes pero en medicina no tienen beneficio. Pero claro, tiene mala salida porque en la medicina privada apenas hay Atención Primaria. Solo un 13% de los médicos proveedores son médicos de familia.

El gran paradigma de la medicina del siglo XXI es una sólida y eficiente medicina de familia y al pobre paciente privado se le niega. Que alguien me lo explique. Del paciente privado nadie tiene una visión global, nadie lo cuida como persona en su aspecto más holístico o se ocupa de que las medicaciones no interactúen, coordina pruebas o lo dirige sin pérdida de tiempo al especialista hospitalario adecuado si así lo cree necesario.

El historial clínico de un paciente de la sanidad pública es coherente, fácil de obtener, contiene todo lo que cualquier médico que no conozca al paciente necesita saber. El historial del privado simplemente no existe, es una lista de algún papel viejo suelto que uno tiene en casa , una radiografía de hace unos años, lo que se acuerde su hija María que vive en Madrid y un bolsón inconexo de medicaciones puestas por quién sabe cuándo. Un absoluto despropósito y un riesgo inconcebible.

Y la guinda la pone la urgencia de un paciente privado. Excepto en grandes ciudades y alguna honrosa excepción, los departamentos de urgencias de los pequeños hospitales privados tiene de ‘Urgencias’ solamente el cartel de la puerta. Los pacientes acuden con urgencias verdaderas, incluso vitales, sin saber que lo único con que cuentan la mayoría de estos sitios es con facilidades para tratar una torcedura, poner una tirita o curar una uña mordida.

Los responsables lo saben pero los pobres pacientes, no. Las verdaderas urgencias acaban revertidas a la pública perdiendo un tiempo que puede ser vital y volviéndonos locos a los que los recibimos; sin información del paciente, sin historial, sin electros para comparar o creatininas para valorar etc. El clásico ‘paciente pesadilla’ que llega a las tres de la mañana gravísimo, redirigido por el hospitalito privado de turno con una notita cordial.

Así que, entre los cañonazos, los ajos, el ‘pito-pito’ y la guinda, no hay por donde coger a la medicina privada pero mientras, seguimos hablando de universalidad y equidad… La monda.

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About medico a cuadros

Mónica Lalanda, soy médico de urgencias, escribo y dibujo. Soy inconformista por naturaleza, si las cosas se pueden hacer mejor, hay que hacerlas. Callarse y aceptar....da úlcera.
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9 Responses to Los pobrecillos pacientes de la medicina privada

  1. dhock says:

    Veo que la gente sigue sin saber lo que las aseguradoras pagan a sus medicos tanto por consultas como por cirugias, o a los hospitales por las pruebas que realizan. Con 10euros necesitas hacer lista de espera, por lo que te dan por una radiografia solo puedes tener a un tecnico para hacerlas, pero la gente no lo sabe. Quieres saber la verdad? No entiendo como sigue hablandose de fusiones, gestiòn de la med. publica por parte de la privada, y otras cosas, y que nadie trate de solucionar el chantaje, coacciòn y menosprecio con que las aseguradoras tratan a los medicos, con esos baremos obsoletos e indignos. Informes para justificar los diagnosticos o indicaciòn de pruebas o cirugias. Retrasos en los pagos, y mucho mas…por ello el informe dhock ( es.scribd.com/doc/58566831/Informe-Dhock o buscalo en internet, lo encontraras), donde todo esto queda clarito, son 6 hojas…pero esclarecedoras, leedlo por favor. gracias.

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  2. Pilar says:

    La verdad, es que todo queda en el médico que te atiende, en su preparación y experiencia profesional, así como en su persona/ carácter. En mi casa tocamos de todo, mi marido, la privada como funcionario, mi hijo y yo la seguridad social (y eso que pudimos elegir que mi pequeño fuese atendido en la privada). En el caso de mi hijo, es donde veo más claro lo que explico… en una ocasion la pediatra le recetó un antibiótico para una supuesta otitis que le dio diarrea y como estaba entre los efectos adversos y para comunicar al médico, por la tarde fuimos al privado (curiosamente atendido por un pediatra que es también médico de atención primaria en la pública) y bueno, le quitó el antibiótico, algo tenía en el oído pero no era para recetar antibiótico, le dió un jarabe y con eso se le pasó todo al peque… Desde entonces, si no me convence la pública, voy al privado por la tarde, a veces nos olvidamos de que los médicos son personas y se pueden equivocar en un diagnóstico (o alguno más, como es mi caso, pero como no hay gravedad, sigo como estoy). Mi marido tiene un problema de espalda y nos viene bien el privado, por la rapidez de las pruebas y si fuese el caso, de intervención…. eso sí, buscaríamos si es posible que le interviniese un médico que también trabaje en pública, no se por qué, pero me da más tranquilidad.

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  3. Mónica Lalanda says:

    No, Jesús. Mi crítica va dirigida hacia un sistema que no funciona a pesar de estar usando muchísimos mas recursos de los que debiera. Los profesionales son como bien dices, exactamente los mismos. Es cierto que no se practica la misma medicina, quizás el médico en la privada se siente mas inseguro, acostumbrado a trabajar en equipo o quizás el paciente es mas exigente. sin duda que alguno habrá que se convierta en de Hyde a Jekyll, sinverguenzas hay en todos los lados!!!!
    Para mi lo peor es la falta de una atención primaria sólida y unas urgencias que en general son solo para poner tiritas (excepto en los grandes hospitales de las grandes ciudades, claro)

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  4. Puede hoy día un médico privado vivir solo de la medicina privada, no es más bien un sobresueldo para complementar el salario basura que ofrece la seguridad social. Luego ¿No estamos los mismos profesionales a uno y otro lado del telón de acero? Sugieres que el entorno te transforma como Jekyll y Hyde, ahora uno, ahora otro, según donde pongas tu fonendo. No sé si se puede generalizar, historias personales se oyen en uno y otro lado. No se, no se.

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    • Estoy harto de recibir en el hospital pacientes remitidos de la privada (incluida sus UCIs) porque no saben que hacer con ellos (ni medicamente cuando se complican, ni cuando el seguro deja de cubrir al paciente).

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  5. Angeles says:

    Como siempre, tienes más razón que un santo.
    Soy de esas personas, las muchas de este pais, que tienen la doble sanidad. Acudo muy poco a la pública, básicamente cuando las patologías seguidas en la privada (2 cirugías) me han obligado a buscar la baja y las renovaciones. Pase una situación kafkiana de las que mencionas en el caso de la última hernia de disco. Con todos los síntomas exacerbados (dolor infernal, etc.) y un diagnóstico por imagen de un par de años atrás de hernia, el lumbreras de las urgencias de Asisa me hace una placa y me diagnostica sacroileitis, pinchándome un enantyum para que se me quitara el dolor. Y ahí empezó la historia. Mi traumatólogo, privado, se fia de ese bien sopesado criterio y “me lleva” por teléfono, pidiendo una resonancia que tardó un mes en hacerse (también hay demora ya en Madrid) y yo me niego a la tercera e inutil caja de Inzitan. Después de 10 días de dolor insufrible me llevan a las urgencias de La Paz. La traumátologo de guardia, informada de ese diagnóstico se limita cambiar el tratameinto y mandarme a casa. Cuatro semanas más tarde, por fin, la RMN dice que hay una hernia migrada y con disco roto y el neurocirujano (privado pero excelente), al verla, decide operar casi de urgencia, en 24 h. estaba operada. Al volver a casa, y aparecer un febrícula, el cirujando me dice que todo va bien y la médico de AP se cabrea porque acuda a ella “habiéndome operado en privada”. Y mi conclusión fue que: la torpeza (o falta de conocimientos) de un traumatólogo de guardia (no español, por cierto), unida a la racanería de evitarse, solo de inicio, una RMN en las urgencias privadas; mi trauma que lo vió de lejos y solo se preocupó ante lo que decía la RMN; la traumatólogo de la pública, a la que un paciente a las 5 de la mañana, por mucho dolor que tenga, no pareció ser más que un engorro; la médico de AP, molesta por no sé que demonios y el paciente si éste no se fia de la pública (también me recordó que nada de la médico de la mutua que controla la evolución, que el alta lo daba ella y que “se la voy a dar ya pronto, parece que ya está bien”, mientras yo arrastraba a la pierna como lo hice durante un año. Y, efectivamente, me vi más sola que la una, nadie que realmente me llevara, la secuela del daño neurológico que me ha quedado por el retraso en la cirugía y la sensación de sálvese quien pueda porque el fraccionamiento de especialidades y la falta de interés en el paciente es común en privada y en pública. Quizá la medicina privada debería tomar cartas en ese asunto y no preocuparse tanto del costo de los servicios y las pruebas, que, efectivamente, procuran recomendar los médicos para hacer decentemente rentables (lo que les pagan es ridículo también) sus servicios. A lo mejor una historia clínica electrónica privada no sería mala cosa para el paceinte y rentable (por la no repetición de pruebas) para ellos.

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