LA REVOLUCIÓN DE LOS MÉDICOS

 Échense a temblar. Los médicos, históricamente el colectivo más pasivo y conformista de la sociedad, hemos despertado de un largo sueño. Somos como la bella durmiente que abre por fin los ojos y no por un beso de príncipe sino por muchos bofetones de consejeros y políticos; ranas venidos a príncipes. Ningún grupo social tan maltratado como el nuestro ha tolerado tanto, diciendo tan poco y durante tanto tiempo; calladamente, con las cabezas bajas pendientes de auscultaciones, bisturís, electrocardiogramas y analíticas. Se acabó, hasta aquí hemos llegado. Y que nadie se deje engañar, no ha sido el ataque a“nuestros privilegios” como acusan los tontos de las corbatas;  privilegios tenemos más bien pocos (somos los médicos peor pagados de Europa y la inseguridad laboral es la norma) pero conciencia sí, de eso nos sobra. 

Los médicos estamos por fin en pie de guerra, en la calle, sujetando pancartas, dando gritos, haciendo mareas blancas, convocando manifestaciones multitudinarias,  organizando asambleas, preparando seminarios, enfrentándonos al poder social, llamando la atención a los gobernantes y liderando una verdadera revolución social Cuando hay algo tan grave que despeja esa anestesia general que nos tenía dormidos, deberían saltar todas las alarmas sociales. Los médicos en la calle es lo nunca visto.

De salud somos nosotros los que más sabemos y de sanidad, ningún político nos puede dar lecciones. Y lo que es mas importante, la sanidad está en nuestras manos, las decisiones últimas son nuestras. Somos garantes del bienestar de nuestros pacientes y no vamos a consentir que se destruya el sistema sanitario sin plantar cara. 

Tenemos un buen sistema nacional de salud que es nuestro patrimonio y que no está en venta, no puede estarlo. Nos estamos hartando de confusión, de estudios dudosos, de comparaciones desacertadas, del descrédito continuo con el que impunemente nos atacan unos señores que lo único que saben hacer es política y además lo hacen mal, estamos, en definitiva,  hartos de mentiras. La cuestión se resume muy fácilmente, la sanidad pública no puede ni debe producir dinero; cualquier ganancia que se obtenga se está desviando del beneficio del paciente, es así de sencillo. No a la privatización de la sanidad. No, fuerte, alto y caiga quien caiga. 

Ya era hora que los médicos españoles se cabrearan y ya ven que no ha sido por sueldo o condiciones laborales, sino por que creemos en lo que hacemos, creemos en la racionalidad, el sentido común, la evidencia científica y la igualdad de condiciones. Nuestro sistema sanitario debe ganar en eficiencia y sin duda puede mejorar, pero venderlo no es la solución. 

 La revolución de los médicos ha empezado. Sí, sí, échense a temblar, no es para menos.

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About medico a cuadros

Mónica Lalanda, soy médico de urgencias, escribo y dibujo. Soy inconformista por naturaleza, si las cosas se pueden hacer mejor, hay que hacerlas. Callarse y aceptar....da úlcera.
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